domingo, 1 de noviembre de 2026

Conociendo nuevos amigos

Iba publicando las fotos que le hacía a mi gran amigo Javier en una página web de bastante difusión. Y ello no solo por el gusto que me daba hacérselas, y darles publicidad además, sino que contaba asimismo con su consentimiento expreso. Si ya disfrutaba posando con total desvergüenza, saber que pudieran ser vistas por mucha gente tenía un morbo añadido para él. La única limitación que me pidió fue que procurara que no se le viera la cara. Todo lo demás estaba a disposición de mi cámara.
 
                                   
Resultó que entre los usuarios de esa web fui a dar con uno que pareció ser mi alma gemela. También dedicaba su perfil a poner las fotos que le hacía al que era su marido y que tampoco mostraba la cara. Yo quedé prendado enseguida del marido, que era un cincuentón gordito y peludete, de cuerpo recio, y que todo lo que enseñaba por delante y por detrás, con no menos generosidad que Javier, era de lo más apetitoso. Por otra parte, al marido fotógrafo, bastante más joven, le ocurrió otro tanto con Javier. A este solo le comenté que le había surgido un nuevo admirador de sus fotos, que, a su vez, publicaba las de su marido.
 

                                    

Llegué a hacer una buena amistad con Alex, el más joven. Incluso nos vimos las caras en algún chat. Me dijo que su marido se llamaba Blas, y yo a él, que mi pareja se llamaba Javier. Comentábamos las fotos que íbamos publicando y reconocíamos sin reparos lo mucho que nos atraían las respectivas parejas. No nos privábamos de expresar también el deseo de conocernos en persona, sobre todo pensando en un intercambio mutuo.

Esta intención pareció más factible cuando Alex me informó de que ellos, algunos fines de semana, viajaban hasta aquí para ir a la sauna. Les gustaba mucho y cada uno buscaba por su cuenta los tíos que más le iban.

Mi encuentro en persona con ellos tuvo lugar al fin un sábado en que fui solo a la sauna. Estaba en el vestuario y se me acercó sonriente un joven de treinta y pocos años, alto y bastante guapo. Ante mi expresión de no identificarlo, aunque capté en su cara un cierto aire que me sonaba, me dijo: “¡Hola! Soy Alex”. Él sí que me había reconocido. “¡Ah, claro!”, exclamé, “Al fin nos vemos”. Conocedor de mi interés por su marido, me informó: “Blas está por ahí. A ver si te lo encuentras”. Tiramos cada uno por su lado y yo deambulé ojo avizor. Aunque no le había visto nunca la cara, pensé que podría identificar su cuerpo con facilidad. En efecto, tras vagar un poco por los pasillos, vislumbré a Blas, cuya apariencia me resultó bien reconocible. Iba en plan buscón, con el paño de cintura mal puesto, ya que, enganchado por detrás, se le veía casi todo el culo. Entró en el cuarto oscuro pequeño, en el que todo se hace de pie. Había solo unos cuantos tíos y enseguida me puse al lado de Blas. Me arrimé y empecé a palparle una teta. Se dejaba hacer y fui bajando por encima de su barriga prominente hasta alcanzarle la pollita, descapullada y mojada. Interpreté sus murmullos como de agrado y ya, sin más, le propuse ir a una cabina. Al entrar, se tumbó directamente en la cama ofreciéndose. Con las ganas que le tenía después de verlo en tantas fotos, y pese a tenerlo ahora ahí a mi disposición en carne y hueso, no estuve demasiado glorioso con él. Y, para que se entienda, deberé hacer una confesión muy íntima…
 
A mis años había empezado a tener problemas de erección. Con Javier solucioné el problema recurriendo a la famosa pastilla. Solo la usaba con él y funcionábamos de maravilla. Sin embargo, no me gustaba tomarla cuando iba a la sauna, porque dar por el culo a desconocidos no me inspiraba confianza. Tal vez, de haber sabido que iba a encontrarme con mi deseado Blas, habría sido más previsor.
 
Siguiendo con mi primer encuentro con Blas, tuve el impulso de echarme encima e ir recorriéndolo con mi boca por todas las zonas que tanto deseo me habían inspirado. Él se dejaba hacer con algunos gimoteos. Cómo no, me esmeré con la polla reluciente que se alzaba sobre unos huevos bien redondeados y pegados a las ingles. La lamí y deglutí con ansia, hasta que noté que algo espeso se deslizaba dentro de mi boca. “¡Anda que avisa!”, pensé. Di por concluida la mamada y me sorprendió que preguntara todo seguido: “¿Me quieres follar?”. Sabiendo que no iba a poder darle gusto para lo que me requería, usé como excusa: “¿No acabas de correrte?”. Contestó como lo más natural: “Eso no es nada. Me corro varias veces en poco tiempo”. No se dio por vencido, sin embargo, y se lanzó a chupármela. Morcillona sí que me la puso, pero no lo dura que él necesitaba. Lo dejó estar sin denotar frustración y allí quedó todo entre nosotros aquel día. No me identifiqué como amigo y confidente de su marido. Más tarde volví a verlo en dos ocasiones más. En el cuarto oscuro donde habíamos comenzado, un tío alto y delgado le estaba dando por el culo ostentosamente hasta llegar a descargarse. Más tarde, lo reconocí por el culo, que tenía elevado en pompa en la cama de una cabina con la puerta medio abierta. No tardó en asomarse un tipo gordo y peludo, que entró decidido y cerró la puerta. No volví a verlo ese día, ni tampoco a su marido, que también estaría haciendo de las suyas. Mi conclusión de esa toma de contacto físico con mi idealizado Blas fue que le daba igual el tipo de hombre con tal de que le garantizara un buena follada.
 
Chateé días después con Alex:
Víctor: El día que te encontré en la sauna estuve después con tu marido.
Alex: ¿Ah, sí? No me dijo nada.
V: Es que no me identifiqué. Preferí hacer la prueba sin que supiera quién era.
A: ¿Y qué tal?
Preferí no entrar en detalles.
V: Se lo comí todo. Está para hacerle eso y más.
A: Me alegro de que te lo pasaras bien con él. Le tenías muchas ganas. A ver si yo tengo tanta suerte con Javier.
V: Ya procuraré llevarlo un día en que estéis también vosotros.
 
Ese día prometido tardó algo en llegar y, mientras tanto, coincidí alguna vez más con la pareja en la sauna. Porque quise asegurarme de que, en la próxima ocasión, pudiera tener más éxito con Blas, le pregunté a Alex si vendrían el siguiente fin de semana y me lo confirmó. Así pude prepararme y, en contra de mis principios, me tomé la famosa pastilla un rato antes de ir a la sauna. De todos modos, no las tenía todas conmigo porque, como solo las usaba con Javier, no sabía si harían efecto con cualquiera. Aquella vez, vi a Blas que se estaba duchando y aproveché para ponerme en la ducha de al lado, sin separación. Lo miraba con descaro, vuelto hacia él mientras me remojaba. No pareció importarle y me miró a su vez de arriba abajo. Me di cuenta de que la entrepierna se me estaba poniendo contenta y me envalentoné: “Hace tiempo lo pasé muy bien contigo”. “No lo recuerdo”, contestó. “¡Claro!”, repliqué, “Deben ser muchos los que ligas por aquí”. “Se hace lo que se puede”, dijo con una media sonrisa. Insistí mintiendo: “Me gustó mucho follarte”. Fue ya él quien se lanzó: “¿Ah, sí? ¿Querrías repetir?”. “¿Tú quieres?”, pregunté insinuante. “¿Por qué no?”, contestó decidido, “¿Vamos?”. Nos secamos por encima y enfilamos hacia una cabina.
 
Por fin le eché un polvo de campeonato. Antes, como la pastilla me hacía un efecto creciente, al verme empalmado, Blas se lanzó a comérmela. Era un chupador consumado y aún me puso más burro. “¡Venga, métemela ya!”, me urgió apoyando los codos en la cama. ¡Qué a gusto le entré! Y él ni chistó al tenerme dentro. Pero con el zamarreo que le daba al bombear, iba emitiendo gruñiditos. Después de la leche que el otro día me había echado en la boca, no pensé en avisarle de que ya estaba a punto de vaciarme. Lo notó por la tensión de mi cuerpo, que se le trasmitía al suyo. Cuando saqué la polla exclamé: “¡Qué a gusto me he quedado!”. “¡Y yo!”, replicó, “También me he corrido”. O sea, que este se corría como el que estornuda. Tras mi éxito y, con el poco glorioso primer encuentro, no recordado por él al parecer, me decidí a darme a conocer: “Soy muy amigo de tu marido Alex y he visto todas las fotos tuyas que publica. Me ponían muy cachondo y tenía muchas ganas de estar contigo”. “Pues muy bien. Ya has estado”, dijo algo frío. Me picó y no me callé: “Igual ahora te vas a buscar otros tíos que te follen también”. “No lo dudes”, admitió serio, “Hay que aprovechar el tiempo”.
 
Que me follara por fin al gordito Blas, tan apetitoso en las fotos y aún más al natural, me llenó de satisfacción, aunque hubiera accedido a él con algunas trampas. Sin embargo, que me metiera en el montón de tíos que le dan por el culo en la sauna no dejó de herir mi amor propio. No obstante, guardando este sentimiento para mí, quise poner al día a Alex de este segundo encuentro con su marido. Sin dar tampoco demasiados detalles.
 
V: Volví a estar con Blas y, esta vez, me di a conocer como el amigo tuyo al que le gustan tanto las fotos que publicas de él.
A: Ya me lo ha dicho y que le gustó que te lo follaras.
V: Me alegro de que me lo digas, porque lo noté un poco serio.
A: Blas es de pocas palabras y le cuesta abrirse… Menos del culo ¡Ja, ja! Le pasa además que, cuando va a la sauna se desmadra buscando cuantos más tíos que se lo follen mejor. Seguro que habrá perdido la cuenta de los que se lo cepillaron antes y después de ti ese día.
V: En cualquier caso el gustazo me lo di. A ver cuándo te pongo en bandeja a Javier.
 
Por fin una tarde fuimos Javier y yo a la sauna, cosa que solíamos hacer de vez en cuando. Aunque también íbamos por separado. Pasamos un rato en el vapor, donde Javier, como de costumbre, se dejó meter mano a base de bien. Luego nos duchamos y yo fui al vestuario para mirar si tenía alguna llamada. Javier dijo que iría la sala de vídeo a echarse en una tumbona. Me encontré con Alex y aproveché para darle la buena nueva: “He venido con Javier. Hoy vas a poder conocerlo”. Se le iluminó la cara: “¡¿Sí?! ¿Por dónde anda?”. “Ven, que te llevo”, dije sonriendo, “Lo vas a encontrar en su salsa”. Por el camino le pregunté: “¿Por dónde anda Blas?”. “Hace poco lo he visto entrar en una cabina con dos tíos”, me informó con toda naturalidad. De todos modos, como además no había ido empastillado, preferí centrarme en el encuentro entre Alex y Javier.
 
En efecto, Javier estaba instalado en la sala de vídeo con la actitud desvergonzada que tanto morbo le daba. En una tumbona frente a la gran pantalla, con el paño quitado, había entrado ya en la fase de meneársela provocando al personal. Varios tíos lo contemplaban al acecho de espaldas a la pantalla. Nos abrimos paso y se lo señale a Alex: “Ahí lo tienes en su salsa. Aprovecha antes de que se te adelanten”. Alex no dudó ni un segundo y, dando un paso al frente, se agachó para meterse entre las piernas de Javier. Este, sorprendido por la vehemencia del atacante, al que no conocía todavía, soltó la polla, que había puesto ya bien tiesa y que pasó inmediatamente a la boca de Alex. Este mamaba con ansia, mientras sus manos iban acariciando los muslos y la barriga de Javier, que se puso a gemir pellizcándose las tetas. La energía de la mamada no tardó mucho en hacer efecto, arrancando resoplidos y temblores a Javier. Resultaba evidente que Alex no estaba dispuesto a liberar la polla hasta que hubiera ingerido todo lo que Javier no pudo, ni quiso ya, retener. Alex fue levantándose, irradiando satisfacción, mientras Javier pateaba para bajarse de la tumbona. “¡Me has matado!”, farfulló mirando al desconocido. Intervine entonces: “Os tengo que presentar”. Pero Javier lo aplazó dirigiéndose a la salida de la sala: “Voy a la ducha… Nos vemos en el bar”.
 
“No me he podido resistir”, me dijo Alex, como si se tuviera que disculpar. “Pues le has entrado a Javier con muy buen pie”, repliqué riendo, “Vamos al bar, que necesitarás algo fresco”. Tal vez Javier, al citar en el bar, se refería solo a mí. Porque, al aparecer bien recuperado, no ocultó su sorpresa al verme departiendo con el que acababa de hacerle la mamada. Enseguida lo puse al día: “Mira, Javier… Este es Alex, el amigo del que te conté que le gustan mucho las fotos que te hago. Él también publica las que hace a su marido, Blas. Tenía muchas ganas de conocerte y, como yo sabía que estarían aquí, quise que viniéramos nosotros también”. Javier, tan cordial siempre, dio un par de besos a Alex y bromeó: “Me has dejado seco antes ¡Vaya boca tienes!”. “Me ha encantado hacerlo. Estás aún mejor que en las fotos”, replicó Alex. “Que me la chupara un tipo tan guapetón como tú ha sido una gozada”, le devolvió el piropo Javier. Como capté que había feeling entre ellos, vaticiné: “Aún habréis de descubrir más cosas entre vosotros”. “Todo se andará”, dijo Javier. No obstante, después de que Alex lo hubiera dejado exprimido, dio la jornada por cumplida.
 
En ese momento apareció Blas y, al vernos, se acercó. Fue ahora Alex quien se lo presentó a Javier: “Aquí está mi marido, Blas”. Y a la inversa: “Él es Javier, el de las fotos que nos gustan tanto”. Javier repitió con Blas el ritual del par de besos: “Tu marido me ha tratado muy bien”. “Si ya os he visto allí”, nos sorprendió Blas, “Me fijé en lo bueno que estabas”. Con esa llaneza, me hizo entender que quedaría prendado, en particular, de la polla de Javier, que su marido comía tan a gusto. La charla derivó en cuatro lindezas más, hasta que Javier manifestó su intención de marcharse. Yo preferí hacerlo también y dejar a la pareja a su aire. Todos coincidimos en el deseo de volvernos a encontrar con más tiempo por delante.
 
Cuando estuvimos solos, Javier no se privó de hacer su valoración: “Una pareja muy curiosa… Y el tal Alex tiene una pinta estupenda. Como para seguir haciéndole favores”. “Eso que no se lo has visto todo”, precisé, “Tiene una herramienta de las que te sacan de penas”. “Pues a ver cuándo lo puedo comprobar”. También recordó al marido: “El gordito es de los que te van ¿eh?”. “Ya he estado con él”, confesé, “Pero es de los que, si no te lo follas, no se queda contento… Aunque yo ahora cojeo bastante de eso”. “Conmigo bien que funcionas”, me recordó. “Ya sabes con lo único que me funciona por ahora y no me gusta recurrir a eso con cualquiera”, advertí, “Pero con Blas sí que me apetece darme el lote… Y tú puedes acabar haciéndole lo que yo no le hago”. Sin querer complicarlo más, Javier concluyó: “Ya veremos cómo va si volvemos a estar con ellos”.
 
Alex no tardó en comentarme su tan deseado encuentro con Javier.
A: ¡Qué maravilla tu Javier! Y encontrármelo allí meneándosela a la vista de todo el mundo no podía ser mayor su provocación. Menos mal que no se me adelantaron y pude comérsela hasta que me lo dio todo.
V: ¡Ja, ja! Veo que aún te dura la emoción. Pues a él le caíste muy bien y está dispuesto a que hagas con él muchas más cosas.
A: Ya me muero de ganas… Hasta Blas está deseando que se lo folle Javier.
 
Esto último no me pilló por sorpresa. No sería el primer ligue que hago y que, en cuanto conoce a Javier, se decanta por él.
Sin embargo, estas ganas de unos y de otros de nuevos encuentros iban a quedar sin poder satisfacerse durante un tiempo. Al menos oficialmente, y todo por mi causa.
 
Resulta que tuve una caída tonta, pero que me causó una fractura de tobillo. El caso fue que, entre la escayola y la recuperación posterior, tenía que usar una muleta durante dos o tres meses. No era desde luego lo más adecuado para llevar a una sauna. Di por sentado que Javier seguiría yendo por su cuenta, aunque no me informara. Y en cuanto a Alex y Blas, darían asimismo sus escapadas. Aunque tampoco Alex me hablaba de ello. Tal vez para no ponerme los dientes largos.
 
Entretanto Alex iba publicando fotos cada vez más descaradas y desvergonzadas de su marido. Aparte de que la cara le quedaba ya no demasiado oculta, los enfoques de las poses y tocamientos que se hacía Blas eran de una gran lubricidad. Me ponía negro mirarlas y más con el recuerdo fresco de cómo me lo había follado. Incluso llegó a aparecer un vídeo corto en que un tío, que no era Alex, le daba por el culo a Blas ¡Y de qué manera! Grabados desde arriba, sin duda por Alex, cuya sombra con el móvil se llegaba a captar, la polla del follador entraba y salía en el culo de Blas, elevado sobre las rodillas en el borde de una cama y cuya cara se veía casi de perfil. El follador, muy excitado, soltaba expresiones procaces y hasta llegaba a dar tortazos al culo, mientras Blas emitía respuestas ininteligibles de complacencia. Al fin el otro se salió, alegando que no quería correrse todavía, y Blas quedó con el culo alzado bien abierto.
 
No pude menos que comentarle a Alex:
V: ¡Wow! ¡Qué recuerdos me trae este vídeo! Es todo un salto en las formas de mostrar a tu marido.
A: A Blas le ha dado mucho morbo que lo puedan ver mientras se lo follan. Cada vez está más lanzado y le importa menos que se le reconozca… Y a mí me pone presumir así de marido.
V: ¿No tienes más de estos?
A: Sí, varios. Pero como se ven más las caras, y no solo la de Blas, no he llegado a publicarlos.
V: Ya sabes que conmigo están seguros. Además ahora estoy muy aburrido y me faltan emociones.
A: ¡Vale! Te los iré mandando.
 
Alex cumplió con sus envíos de vídeos privados, más numerosos de lo que imaginaba. Me explicó que, cuando venían para ir a la sauna y como allí no se podía grabar, quedaban con algunos tíos que se habían follado a Blas para ir a su casa, o que llevaban a su hotel. Así era más fácil que se animaran a que Alex los filmara. Lo que me llamó la atención fue la variedad de tíos que se follaban a Blas. Algunos eran jóvenes como Alex o mayores, pero también delgados. Pero sobre todo se trataba de tipos grandotes y osunos. Hasta una pareja de estos se lo follaba uno detrás de otro. ¡Y cómo tragaba Blas, ahora captado sin tapujos y con todo detalle! Además, el sonido activado permitía oír los berridos de Blas y las imprecaciones que soltaban los excitados folladores. No podía saber en qué período de tiempo habían ido acumulando tantas grabaciones en que el objeto de deseo era siempre Blas. Quien, por lo demás, se entregaba con lujurioso entusiasmo.
 
Le escribí a Alex:
V: ¡Vaya vídeos más calientes! Y tú hecho todo un profesional. No te tiembla el pulso grabando al detalle lo que hacen esos tíos a tu marido.
A: Me lo paso en grande haciéndolo y que tíos que apenas conocemos se cepillen a Blas como más les guste, nos excita mucho a los dos.
V: Podríais abrir un blog de pago… Yo sería el primer suscriptor.
A: No creas que no lo hemos pensado. Blas está lanzado y no le importa ya que lo pueda ver más o menos gente. Hasta le haría ilusión al muy golfo eso de que nos paguen por verlo.
V: ¿Y a qué te parece? ¿Te gustaría también?
A: Si disfruto viendo y grabando todo lo que le hacen a mi marido, sacarle algún provecho tampoco estaría mal. Si nos paga al menos el hotel, podríamos venir con más frecuencia para ligar en la sauna ¡Ja, ja!
 
De cualquier modo, esa variedad de tíos que aparecían follándose a Blas mientras su marido lo grababa, no dejaba de aguijonear mi curiosidad. Así que seguí preguntando a Alex:
V: ¿No decías que pocos tíos que se follaban a Blas en la sauna querían luego ir a otro sitio para que pudieras grabarlos?
A: Es que algunos están grabados sin que el tío se diera cuenta, con lo salido que iba. Yo siempre estaba al tanto.
V: La mayoría son tipos de los que te gustan ¿Los escoges tú?
A: Ya sabes que, en la sauna, tiramos cada uno por su lado. Blas se lía también con tíos jóvenes. Le gustan porque duran más follando. Así que fichamos a alguno que otro para que se dé ese gusto.
V: Y tú, aparte de grabar ¿No sacas tajada también?
A: Aparte de hacer lo mío en la sauna, y como Blas se recupera pronto, me lo follo cuando ha acabado con los otros. Me pone notar que todavía tiene el culo lleno de leche.
V: Te veo muy salido, eh… ¿No te gusta que te graben también a ti follándote a tu marido o a otro tío?
A:  Sí, Blas me ha hecho algo de eso. Pero es torpón y no le sale bien.
V: Desde luego tú eres todo un artista. Ni en vídeos profesionales se afina tanto en combinar los planos amplios y los detalles. Lo mismo se ve a tu marido con el culo en pompa esperando que se lo follen, como una polla entrando y saliendo.
A: Tengo un vídeo que no te he mandado porque no es demasiado bueno. Lo hice a escondidas en nuestra habitación del hotel con el móvil, que puse a grabar al entrar enfocando la cama, sin que el que venía con nosotros se diera cuenta. Luego tuve que editarlo para eliminar planos vacíos y que no quedara tan largo… ¿Adivinas quién sería nuestro acompañante? ¿Lo quieres ver?
V: Ya lo estás mandando. Aunque sé que Javier va también por su cuenta a la sauna, no me ha dicho nada de que estuvo con vosotros, incluso en el hotel. Hiciste muy bien en grabarlo. Estoy deseando verlo.
A: En realidad fue en dos jornadas. Lo vi de casualidad en la sauna. De una cabina salió un tipo con pinta de levantador de pesas y, detrás de él, apareció Javier, con el paño al hombro. Aunque se le veía sofocado, al reconocerme, enseguida vino a saludarme muy afectuoso. Me lamenté de no haberlo encontrado antes, pero explicó con toda naturalidad que el tío aquel le había dejado hecho polvo y fue a ducharse. Luego estuvimos charlando en el bar y se nos unió Blas, al que cada vez le gusta más Javier. Este dijo que se tenía que ir ya. Entonces le propuse que, la tarde siguiente, viniera a nuestro hotel, donde podríamos estar más a gusto. Le pareció bien y allí se presentó… Te adjunto el vídeo.
 
Describo el vídeo, que era sin sonido: 
Se ve a Javier desnudo tendido bocarriba de través sobre la cama. Enseguida se introduce entre sus piernas Alex, que se pone a chuparle la polla. Javier estira los brazos a los lados en actitud de entrega. Como la cabeza la queda al borde de la cama, aparece Blas que le planta la polla regordeta sobre la cara. Javier parece no esperárselo, pero enseguida la atrapa con la boca y, mientras la chupa, Blas se pone a sobarle las tetas. Hay una descomposición del conjunto que habían formado. Alex se yergue sobre las rodillas y exhibe la polla bien tiesa. Javier, que también la tiene dura tras la mamada, se la manosea y parece decir algo. Blas, aún al borde de la cama, se pone a meneársela. Javier se da la vuelta y levanta el culo encogiendo las rodillas. Enseguida Alex se pone detrás y tantea la raja con la polla. Cuando se la clava, se ve estremecerse el cuerpo de Javier, que sigue zarandeándose mientras Alex bombea con una intensidad creciente, agarrado a las caderas de Javier. Este, con la cara hundida en la cama, se tensa y crispa las manos. Blas sigue meneándose la polla y los mira. Alex, más erguido ya, da unas cuantas arremetidas pausadas, hasta que deja lacios los brazos y cae sentado en los talones. Javier se aplasta y va girando para quedar bocarriba con expresión de sofoco. Alex se aparta ya y baja de la cama. Hay como un corte de tiempo muerto, hasta que se ve a Javier solo que está sobándose la polla. Entonces Blas aprovecha para subir a la cama y cogerle la polla a Javier. Luego se la mete en la boca y, mientras la chupa, Javier estira los brazos entregado. Cuando Blas interrumpe la mamada, se ve la polla de Javier endurecida. Blas le dice algo y hay movimientos sobre la cama. Ahora es Blas quien, a cuatro patas, le presenta el culo a Javier. Este se alza sobre las rodillas y se posiciona detrás. No titubea en clavársela y se lanza a un enérgico bombeo. Por la forma en que va moviendo el brazo, parece que Blas, entretanto, se la va meneando. Javier no tarda mucho en tensarse y quedar muy pegado al culo de Blas. Al fin se aparta sacando la polla. Blas se levanta de rodillas y se limpia la mano con la sábana. Parece que se ha corrido también. Alex se vuelve a subir a la cama y besa a Javier. Los tres quedan ya desmadejados sobre la cama.
 
V: ¡Vaya vídeo! Es toda un hallazgo. Y Javier pudiendo con los dos… Pienso tirarle de la lengua. No le diré lo del vídeo, pero sí que me contaste lo del hotel. Ya sabe que tengo mucha confianza contigo y no le extrañará. A ver qué versión me da.
A: Sí que nos lo pasamos muy bien con él. Me encantó follármelo. Traga de maravilla y tiene mucho aguante. Aún sacó fuerzas para follarse a mi marido, que lo disfrutó cantidad.
 
En cuanto tuve ocasión abordé a Javier: “He estado chateando con Alex, el que está casado con el gordito que me gusta mucho”. Replicó: “Ya sé quiénes son… El que me hizo una mamada en la sauna, a la vista de todos los que había en la sala de vídeo. Luego me presentaste a los dos”. “Alex dice que os volvisteis a ver…”, le recordé. “Bueno, sí…”, reconoció, “Una tarde que fui solo me encontró cuando ya me iba”. “¿Y qué me dices del hotel?”, insistí. Rio: “¿También te ha contado eso?”. “Parece que fue bastante más completo esta vez”, di a entender que lo sabía al detalle. Ya se sinceró: “Alex, con un tipo que me gusta, tiene además una polla larga y que se le pone muy dura. Cuando me pidieron que fuera al hotel, me pareció una buena idea para que me la metiera con más intimidad que en la sauna. Desde luego fue una follada que me dejó bien satisfecho”. Como parecía que ahí dejaba todo, tuve que recordarle: “Lo más curioso de todo fue que luego te follaras al marido”. “También te lo ha contado…”, sonrió, “El gordito es menos mi tipo. Pero tenía su morbo ver cómo se excitaba mirándonos y cómo se notaba las ganas que me tenía. Después de la follada de Alex me quedé con un calentón tremendo y, cuando el marido se puso a chupármela y luego me presentó el culo tan redondito, me lancé a follármelo. Me quedé en la gloria”. De todos modos no llegué a hablarle del vídeo. Aunque, como siempre va leyendo las cosas que escribo, acabará enterándose de su existencia. Entonces querrá que se lo enseñe y seguro que le gustará verse en él.
 
V: No le enseñé el vídeo a Javier, pero conseguí que me contara cómo le fue cuando estuvo en vuestro hotel. Desde que te conoció en la sauna, sabía que tenía muchas ganas de que te lo follaras ¡Y vaya si le gustó! Me dijo que también disfrutó follándose luego él a tu marido. Tuvisteis un encuentro muy completo.
A: Blas le tiene también muchas ganas a Javier y le encantó que se lo follara aquel día. ¿No te ha contado Javier que luego volvieron a estar los dos juntos en la sauna? Mi marido se lo pasó en grande.
 
Tuve que volver a tirarle de la lengua a Javier: “No me has contado que estuviste en la sauna con el marido de Alex, los dos solitos”. “¡Joder con Alex!”, exclamó, “¿También te ha hablado de eso?”. “No ha entrado en detalles… Espero que lo hagas tú”, precisé. No dejó de hacerme gracia el gusto con que Javier recreó aquel encuentro. Por lo visto, desde que se folló a Blas en el hotel, se dio cuenta de los placeres que puede conllevar dejarse querer por un gordito como él.
 
Esto es lo que me contó: “Había llegado hacía poco a la sauna y, después de un buen rato en el vapor, donde me habían metido mano a base de bien, fui al bar para entonarme. Me extrañó que apareciera Blas solo, sin su marido. Enseguida vino hacia mí y nos dimos un par de besos, que aprovechó para restregarme la barriga. Me explicó que Alex tenía un poco de diarrea y había preferido no venir a la sauna. Añadió: “Me he animado a venir solo y mira qué suerte encontrarte”. No vi con malos ojos la posibilidad de tener una nueva expansión con el marido de Alex, ya que este se hallaba inhábil. Además las formas redondeadas y velludas de Blas, aunque no en exceso, le daban un aspecto de recia virilidad. Su expresión algo tosca, pero decidida, daba a entender que no me iba a dejar escapar. Acepté su propuesta de buscar una cabina y fuimos a dar a una de las dos que hay hacia el fondo y que son todo cama. Fui el primero en echarme cuan largo soy, ya sin el paño, a total disposición del gordito. Este trepó enseguida a la cama y se lanzó a darme un repaso completo con manos y boca. Mientras me sobaba la polla y los huevos, me metía la lengua en la boca, enredando su lengua con la mía. Pasó a estrujarme y chuparme las tetas, para luego ir deslizando la lengua por toda mi barriga hasta atraparme la polla con la boca ¡Cómo mamaba el tío y cómo gemía yo de gusto! Pero, no contento con eso, y demostrando una fuerza que me sorprendió, logró darme la vuelta y se lanzó a comerme el culo, con una profundidad y vehemencia que me ponía a cien de calentura. Esta me impulsó a reaccionar atacándolo. Logré tumbarlo y me puse a chuparle la polla. Corta, gorda y bien dura, llegué a saborear la humedad que destilaba. Me sobresaltó sin embargo que ese juguillo se fuera espesando de pronto. Lo cual me hizo temer que se me hubiera corrido en la boca. No tanto por rechazo, a esas alturas de la película. Sino porque hubiera quedado saciado el gordito, privándome de lo que más ganas tenía de hacerle ya. Pero él mismo, al notar mi frenada, quiso tranquilizarme: “Por eso no te preocupes… Es que yo me corro por etapas y aún me pone con más ganas de que me folles”. Así que, tras engullir lo que espesaba mi saliva, le exigí: “Pues ponme ya el culo, que no me aguanto más”. Obediente, Blas se contorsionó para colocarse a cuatro patas ¡Qué alivio sentí cuando di la clavada a aquel culo que se abría como si cortara mantequilla! Él suspiró con no menos deleite. Yo trataba de lograr un equilibrio entre el gusto que me daba bombear y las ganas de descargar toda la calentura acumulada. Cuando no pude más ya, grité: “¡Me voy!”. En mi ofuscación, me pareció oír su voz apagada: “¡Yo también!”. Los espasmos que me provocó la tempestuosa corrida zamarrearon el cuerpo ovillado del gordito. Cuando terminé y fui a salirme, hube de sentarme en los talones y apoyar las manos hacia atrás para no desfallecer. El gordito fue menos aparatoso al deshacer su encogimiento. Aunque observé que, antes de darse la vuelta, echó mano a su paño y limpió bajo él lo que había derramado en la cama. Luego frotó también su entrepierna. Quedamos los dos derrengados y exhaustos. Aunque pronto Blas se puso a acariciarme con suavidad y hasta me lamió la polla que aún rezumaba. En ese entendimiento que había florecido entre nosotros, me dio por comentarle: “Ya se ve lo que disfrutas cuando te dan por el culo ¿No te gusta hacerlo también?”. Fue sincero en su respuesta: “¡Claro que sí! Pero como tengo la polla gorda y corta, si son culos gordos, como el tuyo, no alcanzo a meterla. En cambio a Alex, que lo tiene más fino, sí que se lo hago””
 
No pude menos que comentarle a Javier: “Sí que te ha caído en gracia el marido de Alex. Casi le has dedicado una oda”. Se justificó: “Es que se le nota tanto lo que le gusto y se deshace para darme placer…”. Lo interrumpí: “¡Vale! Pero te recuerdo que no es el único”. Rio: “Ya sé por dónde vas… A ti te dedico una oda y hasta una enciclopedia si hace falta. Pero es que este gordito es como un perrito faldero, que se le coge cariño”. “Y además le puedes dar por el culo”, precisé. Entonces reflexionó: “Mira lo que te digo… Me encanta cómo me folla Alex, con esa polla larga y dura que me mete. Pero entre follarme a Alex o a su marido, te diría que este me da más morbo. Sobre todo por eso de que se corra al mismo tiempo en cuanto yo lo hago dentro de él”.
El morbo es lo que pone más a Javier.
 
V: Javier me ha contado con todo detalle su encuentro con tu marido en la sauna. Estuvieron la mar de compenetrados y Javier le ha tomado cariño.
A: Si Blas no para de hablar entusiasmado de Javier. Debería tener celos. Y no porque me importe que a mi marido se lo folle Javier o cualquier otro. Sabes que hasta me gusta. Sino porque Javier acabe prefiriéndolo a mí. También me gusta cantidad tu hombre, como sabes.
V: ¡Ja, ja! En eso puedes estar tranquilo. Javier siempre te ofrecerá su culo a ti, aunque luego se cepille también a tu marido. En una misma sesión o cada uno por separado.
 
Por más que estuviera al tanto de los escarceos de Javier con Alex y su marido, incluso mediante el vídeo clandestino, lo que me apetecía cada vez más era verlos directamente en acción. Después de ser el artífice de que llegaran a conocerse, resultaba que me estaba perdiendo sus más recientes enredos. Por eso se me ocurrió hacerle una propuesta a Javier: “Ya que te llevas tan bien con Alex y su marido gordito, creo que mejor que encuentros causales en la sauna o incluso visitas tuyas a su hotel, sería invitarlos a venir a casa. Si lo hemos hecho con gente que apenas conocíamos, mayor razón con ellos, que tenemos ya tanta confianza”. A Javier no pareció sorprenderle la idea: “Estaría bien… Pero ya sabes que los dos irán a por mí”. “Anda que no te gusta a ti ni nada”, me reí, “Y a mí estas cosas prefiero verlas, no solo que me las cuenten”. “¿Cómo lo hacemos?”, preguntó confiado en mi inventiva, “Porque lo de hacerles aquí la comida no me apetece”. Enseguida sugerí: “Podemos hacer como que te pillan por sorpresa”. “¡Vale! Móntalo tú”, rio Javier.
 
Ya me puse en contacto con Alex
V: ¡Hola! ¿Os gustaría que una tarde, en vez de iros a la sauna, vinierais a mi casa para pasároslo bien con Javier? Se me ha ocurrido no decirle nada a él, para que seáis una sorpresa.
A: ¡Ja, ja! Mira que eres marrullero… Por nuestra parte, encantados. Sabes de sobra lo que nos pone Javier, tanto a mí como a mi marido. Y ya tenemos experiencia en repartírnoslo. ¿A él le gustará?
V: No lo dudes. Le dan mucho morbo estas sorpresas… ¿Os va bien mañana a primera hora de la tarde?
A: Ahí estaremos… Mi marido se va a poner la mar de contento cuando se lo diga.
 
Comimos en casa y, cosa rara en él, Javier se cuidó de hacer un menú moderado. Ya en pelotas, todavía le dio tiempo a fumarse su puro y tomar una copa de coñac. Yo, aunque no del todo recuperado, y menos para mucho meneo en la cama, iba a ser solo espectador y me puse cómodo con un pantalón corto de deportes. Cuando sonó el timbre de la portería, Javier se fue al dormitorio y se estiró bien centrado en la cama, donde se haría el dormido. Incluso dejé la puerta entornada justo cuando llamaban al timbre. Les abrí, nos besamos y les pedí silencio. Susurré: “Se ha ido a la cama y debe estar dormido… Les vais a dar un buen despertar”. Les sugerí que se desnudaran antes y así la sorpresa de Javier sería mayor. Atropelladamente se quedaron en cueros y aproveché para recrear la vista, sobre todo con el gordito. Les abrí del todo la puerta del dormitorio y los hice pasar. Javier, todo él despatarrado, cerraba los ojos. Alguna cabezada habría dado ya. Pero antes debía haber estado tocándose en la espera y se le veía empalmado. Les indiqué que procedieran y los dos subieron sigilosos a la cama, cada uno por un lado. Javier mantuvo los ojos cerrados, hasta que Alex se puso a acariciarle por el pecho y Blas, más impulsivo, le echó mano a la polla. Javier hizo ya teatro y simuló despertarse sorprendido: “¡Ah! ¿Sois vosotros? ¡Vaya sorpresa!”. Abrió los brazos acogedor y enseguida se pegaron a él. Los besos de saludo pronto fueron morreos a dos bandas y las manos de los recién llegados le recorrían todo el cuerpo. Yo los observaba en un plano discreto, aunque dispuesto a aliviarme a mi manera a tono con lo que fuera sucediendo.
 
Javier se puso ya en plan generoso: “Me alegro de veros aquí. Haced lo que queráis conmigo. Me estáis poniendo muy caliente”. Su polla tiesa fue el pararrayos que atrajo los deseos de la pareja que, de momento, parecían ir muy coordinados. Así se lanzaron a manoseos y chupeteos que alternaban equitativamente. Alex con más delicadeza y Blas más impetuoso. La combinación hacía efecto en Javier, que gemía y manoteaba agarrándoles las cabezas. Me sobresaltó la vehemencia con que Javier exclamó: “¡Quiero coméroslas a los dos y que luego follemos todos!”. Arrebatado, los apartó y, revolviéndose para ponerse de rodillas, se encajó entre ellos. Les agarró las pollas con las dos manos y las frotaba con energía. Cuando les dio consistencia, se lanzó a chuparlas. Primero la de Alex, que estaba ya bien tiesa. Pero enseguida pasó a la de Blas, que sujetó con los labios apretados. De pronto levantó la cabeza y, sin extrañarse ya de los anticipos de Blas, se relamió sonriente. “¡Qué rica tu primera lechita!”, exclamó, “Pero voy a querer más”. Así que siguió mamando al gordito, que se estremecía gimoteando.
 
La postura de Javier con el culo subido, inclinado sobre Blas, resultó demasiado tentadora para Alex, que se apañó para situarse detrás. No se lo pensó mucho y, apuntado la polla, le dio una certera clavada. Javier, soltando al gordito, levantó la cara y emitió un bramido. Pero una vez digerido el ataque, retomó la mamada. Debía servirle de lenitivo de las embestidas de Alex, agarrado a sus caderas. El que ahora gemía con ganas era Blas. La situación era tan enredada que no se supo quien descargó primero. Pues mientras Alex, tensando el cuerpo, emitió varios resoplidos, Blas elevó el diapasón de sus quejidos. El caso fue que, al producirse el desenganche tras unos instantes de calma, Javier, dejándose caer, proclamó con la voz pastosa: “¡Me habéis llenado de leche el culo y la boca!”. Yo fui más discreto y mi paja pasó desapercibida.
 
El atracón exigía una pausa. Y Javier, que parecía haberse olvidado, de momento, que era el único que no se había corrido todavía, pataleó para acercarse al borde de la cama. Bajó con torpeza susurrando confuso: “Voy al baño”. Era de ver cómo renqueaba con las piernas separadas. Ahora Alex se fijó en mí y comentó admirado: “¡Qué morbo tiene tu hombre!”. “Me lo dirás a mí”, reí. Blas intervino más basto: “¡Cómo traga el tío! Me ha sacado toda leche”. Advertí entonces: “Pues no ha acabado todavía… Preparaos”. Tras su breve refresco, Javier reapareció con nuevas fuerzas. Se echó en la cama, casi aplastando a los otros dos, y se hizo hueco entre ellos. “¡Cómo me habéis calentado, golfos!”. Bien despatarrado, se puso a tocarse la polla. Ahora la pareja lo respetó y se limitaron a observar con avidez cómo se la iba poniendo dura. Fue una sorpresa que Alex se anticipara para ofrecerle: “¿Me quieres follar?”. Era evidente que a Javier le apetecería meterla en el fino culo de Alex. Pero Blas no estuvo conforme y protestó quejumbroso: “Yo lo estaba esperando”. Ante la disputa conyugal, Javier se mostró salomónico. Besó a Blas y le dijo cariñoso: “La leche te la voy a reservar… Solo quiero probar antes el culo de tu marido”. Aún fue más generoso y le pidió: “Anda, chúpamela y ponla bien dura para que se la meta bien… Luego acabaré dentro de ti”.
 
Así, mientras Alex distraía la espera estrujando las tetas de Javier, este se dejaba chupar la polla con el entusiasmo que le ponía Blas. Javier lo cortó sin embargo impidiendo que el gordito fuera demasiado lejos: “¡Para, para! Que me echa fuego ya”. Alex pilló al vuelo su turno, aunque hizo una perversa sugerencia: “Fóllame bocarriba, que quiero mirarte mientras lo haces”. Javier, no muy ducho en equilibrios, pareció no verlo claro. Pero un ágil levantamiento del piernas por parte de Alex, permitió que sus talones rebasaran los hombros de Javier. Erguido sobre las rodillas y agarrado a las piernas de Alex, pudo repasar su raja con la polla hasta apuntalarla. Un golpe certero hizo que ya la tuviera dentro. Alex gimió mirándolo con ojos vidriosos. Lo cual animó a Javier a lanzarse a un rítmico, aunque algo pesado, vaivén de caderas. De todos modos era evidente que estaba disfrutando de follarse un culo tan fino, del tipo que más le atraía. Sin embargo, fiel al compromiso adquirido con el gordito, cuyo culo, sin ser de los preferidos, le había proporcionado una grata sorpresa, fue autoimponiéndose una frenada de sus embestidas. Aunque, tal vez, también había contribuido a ello la postura en que estaba atacando a Alex, poco habitual al menos para él. Eso sí, vistoso resultaba.
 
Al salirse Javier, Alex bajó las piernas y pareció quedar bien satisfecho. Por su parte Javier se tumbó a su lado y le dio un beso de agradecimiento. Sin embargo, como a Blas se le veía impaciente, Javier lo animó: “¡Hala! Asegúrate de que mi polla siga bastante dura para tu culo”. El gordito le tomó la palabra y se lanzó a chupar la polla recién salida del culo de su marido. Lo hizo tan impaciente que Javier tuvo que frenarlo de nuevo: “¡Para, para! Que es para tu culo”. Blas lo tuvo en cuenta y se apresuró a ponerlo en pompa. Todo redondito y terso, para mi gusto mucho más apetecible que el de su marido. Ahora Javier no tuvo que hacer ya equilibrismos y, arrodillado detrás de Blas, apuntó y clavó la polla con precisión. El gordito gimió de placer y su marido los miraba meneándosela de nuevo. Javier arreaba con fuertes resoplidos y, a esas alturas, no iba a tardar mucho en exclamar: “¡Aj, qué ganas tenía ya!”. Removió aún la polla dentro del culo y, al sacarla, le dio un cachete. “¡Hala! No te quejarás ¿eh?”. Desde luego, Blas no tenía de qué quejarse. Porque, cuando se puso de lado, dejó una mancha de semen en la sábana. Y no fue la única corrida múltiple, pues, al culminar Javier su faena, Alex había lanzado también un nuevo chorro. El segundo, según mis cálculos, después del que había echado dentro de Javier.
 
La cama no daba más de sí, necesitando además una urgente retirada de sábanas sospechosamente manchadas. Así que propuse un desplazamiento para reponer líquidos. En la cocina, ofrecí bebidas del frigorífico y, allí mismo, montamos una bonita escena de nudismo desenfadado. Javier, sentado en una silla abierto de piernas, era el blanco complacido de cumplidos, más o menos subidos de tono, y alguna que otra caricia. Se me ocurrió comentar jocoso: “¡Lástima no haberlo grabado todo!”. No me esperaba que Javier replicara: “¿Por qué no lo has hecho? Aunque no lo publiques, nos hubiese divertido verlo… Parece que no habría sido la primera vez”. Dio así a entender que, aunque se lo habíamos ocultado, estaba al tanto de la grabación que hizo Alex en el hotel. Quedó ahí, como una de las chulerías de Javier. La sorpresa la dio cuando se levantó diciendo: “Voy a la ducha”. Pero añadiendo: “Si alguien quiere venir…”. Se puso en marcha y, cómo no, la pareja estuvo dispuesta a seguir sus pasos. Y yo no me lo quise perder. Javier fue deliberadamente al baño con un plato de ducha bien amplio, con la mampara traslúcida y abierta. Así garantizaba el espectáculo.
 
Como ignorando que iba acompañado muy de cerca, entró en el plato y, tras abrir el agua, quedó rezagado en espera de que adquiriera la temperatura adecuada. Entretanto, no tuvo el menor recato en que los que andaban al acecho vieran el chorro de pis que empezó a soltar. Una vez aliviado y con el agua ya a punto, empezó a remojarse, con suaves frotaciones a las que daba un punto de lubricidad. Ello frente a los dos que aún se mantenían en el extremo de la mampara.
 
Javier, sin embargo, no se iba a limitar a dejar que lo miraran mientras se duchaba. Cogió un frasco de gel y, apartándose un poco del agua, se echó con voluptuosidad un chorro que le corría desde el pecho. Pero enseguida les ofreció gel a los otros para que se lo echaran en las manos. “Así me ayudáis”, dijo con toda intención. Tras repartirles gel, soltó el frasco y se plantó alzando los brazos. Los otros se lanzaron ya a colaborar en la higiene de Javier. Sus manos jabonosas lustraban axilas y tetas, descendían por la barriga y se disputaban la entrepierna. Más delicadeza tuvieron con los huevos y los repasos escrupulosos a la polla. Cuanto más insistían en ella, más tiesa se ponía. Javier, dejándose hacer, aprovechaba la espuma de su cuerpo para extenderla a su vez por los de sus colaboradores, en especial por la polla ya erecta de Alex y la engordada de Blas. No descuidó Javier ponerse de espaldas, siendo su culo el principal objeto de cuidados. Lo resbaloso de la espuma era excusa para que los dedos bailotearan hurgando por la raja, que el propio Javier incitaba con provocadores meneos. Alex incluso hizo amago de meter algo más que los dedos y, cuando Javier, al notarlo, inclinó el torso hacia delante consintiendo, la polla le entró limpiamente. Fue solo un jugueteo sin ir a más, pero que provocó la envidia de Blas.
 
Se fueron aclarando, un poco más calmados ya y me dispuse entonces a repartir toallas. Pensé que, entre toallas y sábanas, el tendedero iba a parecer el de un meublé. La pareja se secó someramente mientras Javier esperaba que despejaran el plato para poder salir tras ellos. No hizo falta que cogiera una toalla para él, porque las de los otros dos ya estuvieron desplegadas para acogerlo. Así se dejó secar con no menos complacencia que en el enjabonado.
 
El lote completo que se había dado el matrimonio con Javier parecía que ya no daba más de sí, con la resistencia de los tres al borde del límite. Mientras Javier, aparentemente refrescado, siguió con su irremediable exhibicionismo, los otros dos fueron ya a recuperar su ropa. En el momento de la despedida, me besaron afectuosos. Javier los obsequió con sendos morreos restregándoles su desnudez. No se quedó en nada, ni se habló de futuro. El tiempo diría.
 
Nada más cerrar la puerta, solté a Javier: “¡Anda que no te has puesto las botas hoy con esos dos!”.  “¿Yo?”, protestó con cinismo, “Si no he hecho más que lo que tú querías. Que era ver cómo hacían conmigo todo lo que les daba la gana”. “Siempre tan sacrificado”, reí.
 
                            
 (Las fotos no son más que una pequeñísima muestra de las que publicábamos Alex y yo)
                              


 
 
 
 
 
 

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